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Charles Mingus, el genial músico eclipsado por su mal temperamento

Se cumplen 45 años de la muerte del que fuera uno de los músicos de jazz más influyentes del siglo XX: Charles Mingus, cuyo turbulento carácter eclipsó sus aciertos en el mundo de la música.

El 5 de enero de 1979 falleció en Cuernavaca Charles Mingus. Unos meses antes, el músico se había trasladado a la ciudad mexicana para buscar un tratamiento alternativo que pudiera aliviar los efectos de la esclerosis lateral amiotrófica diagnosticada a mediados de los años setenta y que le había apartado de los escenarios.

Aunque hacía meses que ya no podía tocar y se encontraba postrado en una silla de ruedas, el músico continuaba componiendo ayudado por una grabadora (en la que cantaba lo que se le ocurría), e incluso colaboró con Joni Mitchell en Mingus, un proyecto en el que también participaron músicos como Jaco Pastorius, Wayne Shorter o Herbie Hancock, y que acabaría viendo la luz después de su muerte.

En los siguientes días tras su fallecimiento, y siguiendo lo que había establecido en sus últimas voluntades, sus cenizas fueron trasladadas a la India y arrojadas al Ganges por su viuda: a partir de entonces, ella se encargaría de velar por su legado musical. Cuando unos meses después surgió la idea de organizar un concierto homenaje al músico en el Carnegie Hall, Sue Mingus decidió que nadie mejor que ella para encargarse de todo.

“Formé una banda llamada Mingus Dynasty mirando la contraportada de sus álbumes y llamando a las personas que habían tocado en ellos”, recordaba Sue. Si bien reconocía que “no tenía idea de lo que estaba haciendo”, no debió hacerlo del todo mal: a la Mingus Dinasty se le sumó poco después la Mingus Big Band y, a partir de entonces, las dos formaciones comenzaron a tocar de manera habitual tanto en los clubes de jazz de Estados Unidos como en auditorios internacionales, manteniendo así viva la obra musical de Charles Mingus hasta el día de hoy.

Niño prodigio, músico genial

Charles Mingus había nacido el 22 de abril de 1922 en una base militar de Nogales, Arizona, pero se crió en el barrio angelino de Watts. Era el tercer hijo de un sargento del ejército mulato y una mujer con antepasados chinos, negros y caucásicos que murió cuando Charles era todavía un bebé. Este hecho provocó que, como único hijo varón, fuera mimado en exceso por la familia, aunque, al quedar él y sus hermanas al cuidado de su padre, también sufrieron los malos tratos que este les infligía.

A pesar de esa educación violenta, el padre de Mingus descubrió pronto que su hijo tenía altas capacidades intelectuales y un talento especial para la música. “Incluso para los parámetros de un hombre blanco, se supone que eres un genio”, le llegaría a decir su padre que, a partir de entonces, le apoyaría en su educación musical sufragando las clases, primero de trombón, luego de violoncelo y piano, hasta dar con el que sería el instrumento con el que se haría famoso: el contrabajo, para lo que recibió lecciones de prestigiosos profesores como H. Rheinschagen, miembro de la Filarmónica de Nueva York.

Músico genial y precoz, sus primeros pasos como profesional fueron acompañando a figuras ya consagradas como Louis Armstrong, Lionel Hampton y Red Norvo, antes de trasladarse a Nueva York, ciudad en la que comenzó a frecuentar a la vanguardia del jazz compuesta por, entre otros, músicos como Bud Powell, Dizzy Gillespie, Charlie Parker o Max Roach, baterista con el que fundaría Debut Records. En este sello discográfico independiente, además de sus propias grabaciones, Mingus y Roach publicaron los trabajos de artistas como Miles Davis, Kenny Dorham o J. J. Johnson, hoy nombres de leyenda pero, por entonces, jóvenes músicos que luchaban por hacerse un hueco en el negocio, en muchos casos en manos de hombres de negocio blancos.

Desde su infancia en Watts, uno de los barrios de población negra más deprimidos de Los Ángeles y, al mismo tiempo, más implicado en la defensa de los derechos civiles, Mingus sufrió en primera persona el racismo y la discriminación. Por esa razón, desde el inicio de su carrera, quiso controlar su obra fundando su propio sello, su editora musical y teniendo su propia banda, a la que llamaría Jazz Workshop y con la que, además de experimentar nuevas formas de interpretar jazz —término del que rechazaba por considerarlo racista—, fomentó la integración incorporando al grupo músicos blancos.

Un temperamento turbulento

A pesar de esas buenas intenciones y después de haber firmado algunos de los discos más influyentes del género, como Pithecanthropous erectus o Mingus Ah Um, durante esa época Mingus comenzó a mostrar cambios de humor y un comportamiento turbulento que le provocó no pocos problemas con sus músicos, la audiencia que asistía a sus conciertos o los promotores, dando así inicio a la leyenda de músico problemático.

Cuando el dueño de un club le pagó menos de lo acordado, por ejemplo, Mingus arrancó la puerta del camerino y la subió al escenario. Molesto por el poco respeto que los espectadores mostraban durante las actuaciones, el músico solía parar el concierto y encararse con ellos. De igual forma, cuando alguno de sus colegas no estaba dando todo de lo que, en su opinión, era capaz, el contrabajista no dudó en recurrir a la violencia, expulsándolos del escenario o agrediéndolos.

Al baterista Curley Hammer lo tiró de su taburete en dos ocasiones. El saxofonista Jackie McLean se libró de recibir un puñetazo porque sacó a tiempo un cuchillo que atemorizó a Mingus, pero el trombonista Jimmy Knepper no corrió la misma suerte. No solo recibió un puñetazo en la boca, sino que perdió un diente frontal, lo que provocó que, a partir de entonces, tocase una octava menos de rango en el trombón. Knepper demandó a su agresor y, además de tener que hacer frente a la correspondiente condena judicial, Mingus vio cómo su prestigio y su carrera iniciaban un periodo de decadencia que era cada vez más difícil de disimular.

En 1962, durante un concierto en el Town Hall de Nueva York, Mingus se mostró como un líder desorganizado y superado por los acontecimientos. Aunque durante semanas se había anunciado que el recital iba a ser grabado para ser editado en disco, Mingus afirmó no tener noticia del hecho y todo fue improvisación, hasta el punto de que, ya con el evento iniciado, varios copistas todavía estaban transcribiendo las partituras de una pieza que Mingus había compuesto esa misma tarde para nada menos que los treinta músicos que le acompañaban en el escenario. El descontrol era tal, que el músico repitió en varias ocasiones que se devolvería el dinero de la entrada a todo aquel que lo solicitase.

Uno y trino

Aunque nadie pidió el reembolso, la situación emocional y laboral de Mingus empeoró de tal manera que el músico no tardó en arruinarse, hasta el punto de que, en 1966, llegó a ser desahuciado del piso en el que vivía en el Bowery de Nueva York. Un hecho que fue reflejado por el realizador Thomas Reichman en su película documental Mingus, en la que el artista recordaba los tiempos en que vivía en la Quinta Avenida y se lamentaba diciendo: “¡Cuánto he sufrido en esta maldita sociedad!”.

Esa mala racha duraría hasta 1971, cuando el músico regresaría de su retiro con nuevos proyectos musicales y la publicación de Beneath the Underdog. His World as Composed (Menos que un perro. El mundo que compuse), unas memorias aderezadas con buenas dosis de fantasía, en las que Mingus repasaba su vida, sus excesos y explicaba esa múltiple personalidad que tantos problemas le había causado.

“Soy tres. Uno es un hombre que permanece siempre en el medio, indiferente, impasible, observando, esperando que le permitan expresar a los otros dos lo que ve. El segundo hombre es como un animal asustadoque ataca por miedo a ser atacado. Por último, hay una persona bondadosa y amorosa en demasía, que permite que la gente acceda al templo más sagrado de su ser, acepta insultos, se muestra confiado, firma contratos sin leerlos, es humillado hasta el punto de tener que trabajar barato o gratis y, cuando se da cuenta de lo que le han hecho, tiene ganas de matar y destruir todo lo que lo rodea, incluido a él mismo, por ser tan estúpido”, escribía el músico que se preguntaba: “¿Cuál de todos es el de verdad?”, para responder a continuación: “Los tres lo son”.

Fuente: www.revistagq.com/articulo

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