‘La empatía es la única garantía de supervivencia en tiempos de cuarentena’

Columna de Pablo Pineda, primer diplomado europeo con síndrome de Down y embajador de la Fundación Adecco, sobre discapacidad y cuarentena.

Desde que el gobierno decretó el estado de alarma, los españoles estamos viviendo una situación insólita. Para muchos está siendo todo un reto y es lógico: acostumbrados a la libertad de movimiento, estar confinados en casa puede resultar abrumador, máxime cuando hay personas con ciertas discapacidades en el hogar.

Muchas, han visto cómo cierran sus centros de día, encontrándose de pronto desprovistas de este sustento tan integrado en su rutina. Además, otras tantas se han visto obligadas a posponer sus terapias y tratamientos, con un posible retroceso en avances que habían ido experimentando. Y no menos importante, a algunas personas con discapacidad psíquica o intelectual nos puede costar más entender esta situación de clausura. Es el caso, por ejemplo, de personas con trastorno del espectro autista, para las que el aire libre cobra una importancia mayúscula en su bienestar físico y emocional. En mi caso particular, y como a muchas otras personas con síndrome de Down, se me antoja complicado renunciar a lo social y dejar de dar besos y abrazos. Aún no puedo creer que, a día de hoy, estén prohibidos por ley.

También he tenido que aparcar mi actividad profesional como embajador de la Fundación Adecco. Y me doy cuenta de cuánto echo de menos esas charlas que me permiten estar cerca de la gente, dando lo mejor de mí. Porque el empleo es, para las personas con discapacidad, el mayor factor de inclusión social y normalización. Pero de nada sirve regodearse en lo negativo. Esta etapa es necesaria y no queda otra. Tenemos que ir todos a una. Porque el COVID-19 no nos dejará indiferentes. Vamos a aprender, y mucho. Por primera vez, hemos tenido que parar. Pisar el freno de nuestra agitada vida urbana -los que vivimos en ciudad- y volver a nuestros hogares, haciendo piña con nuestra familia, agudizando el ingenio con nuevos hobbies de indoor y apreciando los momentos más sencillos de la vida.

Para sobrevivir estos días, y más que nunca, tendremos que apelar a la empatía. Ponernos en la piel de la persona con la que convivimos, sea un bebé, un adolescente, nuestro padre o madre o una persona con discapacidad. Pues este valor es la única garantía de supervivencia – y de convivencia- en esta sociedad diversa y acelerada, y más en tiempos de cuarentena.

Estoy seguro de que el confinamiento nos pondrá a prueba, tendremos que improvisar, ser flexibles, asertivos y entender que cada persona es diferente, con sus necesidades. Tendremos que reaprender a convivir. A reencontrarnos con los nuestros y a permanecer unidos, esperando a que pase la tormenta. Porque si lo conseguimos, nunca volveremos a ser los mismos. Seremos mejores. Más humanos que nunca -algo paradójico, cuando la tecnología nos está salvando estos días- . Y ojalá esta alarma sanitaria acelere el reto de la plena inclusión de las personas con discapacidad. Porque frente a opiniones minoritarias que defienden que el coronavirus no es cosa suya, porque “solo afecta a ancianos y a personas con discapacidad o patologías previas”, otras muchas están apelando a la cohesión social y a la unidad nacional, preocupándose por los que más lo necesitan y demostrando su talla humana.

Fuente: abc.es

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