Pablo Olmos

visibiliza la ELA desde el monte más alto de la Antártida.

A Pablo Olmos empezaron a flaquearle las fuerzas en el monte. Pese a que estaba acostumbrado a la actividad deportiva, notó que se cansaba más de lo normal en una expedición al Kilimanjaro. Corría 2013 y era una de las personas que acompañó al vecino de Zalla Unai Llantada en la quinta etapa del reto que se había marcado: coronar las siete cumbres más altas de los siete continentes que considera el alpinismo. Su mujer restó importancia a la fatiga. Le decía que “me movía con gente joven mientras yo iba cumpliendo años…” Pero sabía que algo no marchaba bien. Dos años de peregrinaje entre médicos y entonces recibió el demoledor diagnóstico: esclerosis lateral amiotrófica. En silla de ruedas, “todavía conservo la voz” y la fortaleza para dar ánimos a su amigo Unai en la meta del desafío que emprendió hace casi diez años. Queda el último escalón, en el monte Vinson de la Antártida, que espera escalar en diciembre de este año si se consigue financiación. Pablo interactuará con él por las redes sociales y escribirá un libro en colaboración con el alpinista Juanjo San Sebastián que narrará la aventura con fines benéficos.

Aconcagua (América del sur 2009), Everest (Asia, 2011) Mc Kinley (América del norte, 2012) Elbrus (Europa, 2012) Kilimanjaro (África, 2013) y Pirámide de Carstensz (Oceanía, 2014) son las anteriores cimas que ha hollado Unai Llantada en su travesía para sumar su nombre a quienes han cumplido la prueba con nota. El estadounidense Richard Bass instauró el desafío de las siete cumbres en la década de los ochenta, aunque la lista que él propuso ha sufrido variaciones, a las que se ha ajustado el montañero de Zalla. Por ejemplo, “se tenía al Mont Blanc por el monte más alto de Europa, pero mediciones posteriores constataron que en realidad el Elbrus lo superaba”, apunta. Esta trayectoria le ha reportado la satisfacción de convertirse en el primer encartado que desplegaba la ikurriña en el Everest y vivencias inolvidables junto con los aficionados a la montaña que han viajado con él a varios destinos.

En la ruta al Kilimanjaro trabó amistad con Pablo Olmos. “Fueron unos días excepcionales, para mí la primera vez que participaba en una expedición fuera de Europa”, recuerda éste. Había dado el salto de Pirineos y Alpes a África y planeaba avanzar un paso más con un trekking que le preparara para enfrentarse, por fin, al Himalaya, “pero tuve que borrarme” cuando le confirmaron que sufría ELA. Ahora que se vislumbra la última estación del periplo de las siete cumbres “pensamos en visibilizar la enfermedad y donar a la asociación Siempre adelante para la investigación lo que se recaude por el trabajo audiovisual como y el libro al que dará forma Juanjo San Sebastián con las impresiones de Pablo: él me dijo que quería estar allí de alguna manera”, explica Unai Llantada.

Se refiere a la Antártida. Llegar a uno de los lugares más remotos del globo costará lo suyo. Calculan que no tardaría menos de tres semanas en coronar con una dificultad que aumentan “el frío y lo inhóspito de la zona”. “Si en el Everest se contabilizan 6.000 ascensiones, en el Vinson (4.892 metros) la cifra se reduce a 600 y la mayoría lo hace como parte de este proyecto”, compara Pablo. Con su experiencia previa en el monte y las impresiones que le transmita Unai desde el otro extremo del mundo para relatar sus progresos en audios que se volcarán en redes sociales y posteriormente darán forma a un libro. También está previsto que se organicen eventos para presentar la iniciativa con una entrada solidaria.

Todas las actividades se darán a conocer en el perfil de Facebook denominado Dar. “En euskera significa temblar y eso es lo que provoca la Antártida, las mismas sensaciones que la ELA: dificultad para desplazarse, dificultad para respirar… momentos en los que el más mínimo movimiento supone un gran esfuerzo”, coinciden ambos. Por eso han bautizado con este nombre la expedición en la que el calor del cariño de Zalla ayudará a combatir el frío.

Fuente: Deia

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